jueves 16 de septiembre de 2010

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Nuestro Universo bidimensional, la Energía de esa condición. Por tanto no pueden ser iguales masa y energía. De hecho ahí está la fórmula que todo mundo adjudica a Einstein, aunque se constituyó sola más que nadie la descubriese, de E=M·C2. Solamente si convertimos en luz una masa, ésta es Energía.

Las fuerzas de nuestro mundo “ven” en tres dimensiones, ya que las mismas están medidas a nivel local, no universal, por mucho que se diga de ellas que no varían a esas distancias universales, lo cual pronto se descubrió incierto para la gravedad, aunque los físicos tuvieron la astucia de solventarlo, primero con el invento de la Relatividad, después con el de la masa y más tarde energía oscuras.

Y miremos con la única certeza que concuerda la gravedad según Einstein y su “la masa, su peso, curva la lámina (ya hablaba de dos dimensiones) espacio-tiempo”: Una certeza geométrica que nos habla de que la esfericidad, la circunferencia, es la forma más simétrica a dos dimensiones, pues permanece inalterada para cualquier ángulo de rotación. Así pues el Universo curvo de Einstein no hablaría sino de una Planilandia a escala universal.

Hemos de recordar de nuevo a Milgrom y su observación que anularía los conceptos de masa oscura, tal vez los de energía de idéntico y negro color, o representación matemática de algo que ya descubriesen en los cielos, primero en las galaxias del cúmulo de Coma el astrónomo Fritz Zwicky, y después, y con más cercana precisión, la astrónoma Vera Rubin en las curvas de rotación de los soles más alejados del centro de nuestra propia galaxia; hemos de recordar a este caballero israelita y su exposición de que los soles a esas alejadas distancias del centro galáctico sentirían una atracción no del tipo inversa del cuadrado, forma en la que se presentan todas las fuerzas en nuestro mundo si éste tridimensional, sino una simple atracción lineal, lo cual nos hablaría de que al menos la fuerza gravitacional en sus gigantescas escalas siente un mundo no de tres dimensiones sino de dos.

Así pues el Universo curvo de Einstein nos hablaría más de una fantástica Planilandia (algo parecido a lo que ahora recurren las corrientes más arriesgadas de la física en el terreno de la gravedad cuántica o las cuerdas para explicarnos su apelación al concepto “Multiverso”, o los muchos universos que ya introdujese la teoría cuántica, punta entonces, a mediados del siglo pasado, para explicarnos el Universo que habitamos), que de una tridimensionalidad. Pero ¿cómo ocurre esa transición a las tres dimensiones que las masas, una por una, contemplan, no así la energía? ¡Pues tomemos la misma explicación que a Einstein condujo a decir que la gravedad no era una fuerza sino una geometría (Algo tan desafortunadamente incierto seguramente) y tratemos de ver esa explicación que él daba para la atracción de los cuerpos como un hundimiento de la tela o lámina elástica espacio-tiempo por parte del peso de la masa: La tercera dimensión sería el hueco que excava ese peso, pero no únicamente en la lámina espacio-tiempo que él, el cuerpo, ocupa, como si el cuerpo fuese algo extraño a ella, sino en él mismo como propio espacio-tiempo a la vez que masa que es! Y no únicamente por parte de cuerpos masivos, sino por cuerpos tan livianos como el mismísimo átomo a solas: Un hundimiento, a escala microscópica, peso microscópico, de la Planilandia energética, en la tridimensionalidad de la masa.

La propia fractalidad (no perdiendo de vista la teoría del caos) descubierta por Benoit Mandelbrot nos habla de una bidimensionalidad, dimensionalidad fractal de dos aproximándose a tres con tanta velocidad o precisión como podamos llegar a tener capacidades técnicas para calcularla, pero que jamás llega, dado lo infinito del caos, de ello, caos, dada la fractalidad que puede ser leída a niveles cada vez más exquisitos de precisión, que jamás llega a tres.

Recordamos los ejemplos de Planilandia: ¿Qué pasaría o vería un ser bidimensional si un ser tridimensional se dejase caer por su mundo? El planilandés pensaría que está teniendo alucinaciones o que observa milagros: Alguien que desaparece y aparece a voluntad, ora ante ora detrás del alucinado planilandés, y que adopta diversas formas.

Pongo este ejemplo para aclararme a mí misma qué es lo que observamos cuando contemplamos milagros o apariciones, cual Abbott, Edwin, se explicase su “Planilandia” para matar su perplejidad respecto del mundo de tres dimensiones que habitaba tanto como los menores o mayores dimensionales a él. Una fábula sobre dimensiones de la cual no podría estar, como asunto principalísimo, ausente, la mujer y su inexplicable, para toda mente pensante, posición a lo largo y ancho de la historia humana. ¡Y cómo nos hubiese gustado que esto que relata Abbott en su libro se hubiese cumplido!:

“Pues siempre que se exasperan los ánimos de las mujeres de ese modo con el confinamiento en el hogar o con normas obstaculizadoras fuera de él, éstas tienden a desahogar su irritación con sus maridos e hijos; y en los climas menos templados ha resultado destruido a veces el total de la población masculina de una aldea en una o dos horas de estallido simultáneo de violencia femenina”.

Ya que lo que se cumplió siempre fue esto otro explicado de forma tan concisa como brillante en el libro de Abbott:

«La mujer siempre será mujer», es un decreto de Naturaleza; y hasta las propias leyes de la evolución parecen suspenderse en perjuicio suyo. Podemos admirar, de todos modos, ese prudente acuerdo previo según el cual, ya que las mujeres no tienen ninguna esperanza, no tengan tampoco recuerdos, ni previsión alguna que les permita anticipar las desgracias y humillaciones que son al mismo tiempo una necesidad de su existencia y la base de la constitución de Planilandia.

“Y hasta las propias leyes de la evolución parecen suspenderse en perjuicio suyo”.
Tengo que destacar esta precisa, aunque horrenda tan cierta, frase en negrita.

Y qué decir del párrafo final: “Ya que las mujeres no tienen ninguna esperanza, no tengan tampoco recuerdos, ni previsión alguna que les permita anticipar las desgracias y humillaciones que son al mismo tiempo una necesidad de su existencia y la base de la constitución de Planilandia”. “Desgracias y humillaciones necesidad de su existencia”, no para otra cosa nacidas a través de los milenios, en lugar de decir la aterradora y criminal verdad: NECESIDAD, ya que sobre ese genocidio basadas, de las constituciones de todo pueblo, ya aldea, ya imperio, de coños paridores aun bajo amenaza de muerte que es lo que aun en nuestros días sigue significando parir para tantas; necesidad de vaginas prostitutas, bestias de carga, mano de obra esclava ¡aun en las sociedades no esclavistas!, elementos nulos sin dignidad ni opinión hasta en los pueblos que se llamaron, e incluso llaman, democracias.

Sigamos con nuestras dimensiones y cómo sería, es en realidad el mundo si éste no tri sino bidimensional, si se conserva la energía y, por tanto, esa particular energía espiritual que es cada uno de los vivos aunque la muerte se haya cobrado los cuerpos que en la tridimensionalidad la sustentaron. Esas energías espirituales, por ejemplo del sr. Abbott, ya que energía, he dicho arriba, dos dimensiones, estarían expuestas ante nosotros de la manera más cruda y total ya que seríamos respecto a ellos seres superiores dimensionales. ¿Esto sucede? No, ni siquiera respecto a nuestros seres más queridos fallecidos como modo de compensar su ausencia en este “para siempre” temporal. Al revés. Parece ser que ellos gozasen de una superior dimensión respecto a nosotros, ya que si los contemplamos mediante una de esas observaciones que llaman “milagros” o “apariciones”, ellos son las formas que juegan con nosotros a modo de los dioses de Platón, ahora estoy, ahora no estoy, ahora aparezco, ahora desaparezco. ¿Podría un mundo de dos dimensiones, energía, burlarse así de uno de tres y no al revés?

El misterio debe radicar en esa conversión a luz, el cuadrado de su velocidad en el vacío para ser exactos, que toda masa debe experimentar para tener derecho a llamarse energía; o a la inversa: haber perdido en beneficio de la masa, esa condición espeluznante de cuadrado de una monstruosa velocidad (frenado que el campo de Higgs, según nos cuentan, debe realizar para que la masa exista) Estamos hablando de velocidad y por tanto de tiempo, ese patrón de medida único para los abismos del espacio. La energía está en posesión del tiempo, esa es su condición, y, dado ello, en posesión del espacio. Ellos, energía, la espiritual de nuestros muertos, o extraterrestres si han sido tan listos como para viajar en el espacio, dominar los secretos de la masa, campo de Higgs (Algo que, sin morir, les habría puesto en la misma posición privilegiada que nuestros muertos. Es gracioso pensar que los extraterrestres puedan tener un trato más familiar con nuestros muertos que nosotros mismos) Nosotros, sin embargo, desconocemos todo del tiempo y no digamos del espacio (La prueba está en cuantos descabellos sobre dimensiones seguimos elucubrando, no la más torpe eso de añadir el tiempo a la tridimensionalidad para lograr un compuesto cuatridimensional, que si nuestro Universo no conforme con la teratológica confusión del tiempo entre sus dimensiones, tiene 6 ó 7 más, incluso 16) Ante nosotros, masa, no se extienden todas las posibilidades del infinito o todas las infinitas posibilidades, aunque sí para la condición de onda que llevamos implícita, ya que nuestras partículas lo son, ondas, energía que de ahí vienen, el campo de Higgs, o cualquier otra trampa matemática que se nos ocurra, frenándolas. Y de ello el juego contrario que el que relatase Abbott en su “Planilandia”: No se burlan o adoctrinan los seres de más dimensiones a los de menos, sino al revés. Nuestros bidimensionales muertos, extraterrestres bidimensionales o viajando por ahí, espacio que así es, de esa geometría, se burlan de nosotros, se deben divertir de lo lindo viéndonos presos, como ellos antes, de nuestras tridimensionales cárceles que excavan nuestros propios peso-masa hundiendo el tapiz elástico del espacio lámina.

¡Y, entonces, ¿la gravedad es una fuerza o una geometría?, que se prometió esto último para su éxito, Einstein! O, para ser entonces más exactos: ¿Es la geometría una fuerza? ¿Cuál es la geometría, si no la de Planilandia, así lo parece a todos los efectos cosmológicos, espacial? ¿La lámina, eso sí tridimensional, que nos prometen los físicos de la gravedad cuántica y de cuerdas, en juego con otras laminitas para así poder explicarnos por algo más inexplicable aún el incomprensible Universo convirtiéndolo en Multiverso? ¿Y para qué las necesitamos, si hasta a nivel científico desechamos a extraterrestres, para qué más laminitas, de la dimensionalidad que fueren, que añadir, para qué más Universos si lo cierto es que desconocemos el origen del Uno Y ÚNICO que habitamos?

En nuestro diario-libro hermano de éste “Solo veo rosas” lo dijimos mediante un preciso poema titulado “El Universo es grande no se expande” http://soloveorosas2.blogspot.com/2008/10/el-universo-es-grande-no-se-expande.html . Es tan grande el Infinito que hasta le sobra la tercera dimensión que a sus masas menos desarrolladas, o que no están en el secreto de cómo llegaron a ser, masa, nos concede para que sigamos dándonos de topetazos contra esa tercera pared que hace posible nuestro calabozo.

En esto se basa el que existáis o no muertos nuestros --la energía que constituía vuestra identidad exista o no--, “simetría temporal” que nos diría Emmy Noether. Para un Universo en expansión, como en el que creen nuestros científicos (esos señores que no paran de darse hostias contradictorias con cada teoría que levantan o precepto que pretenden ley y que por mucho que se contradigan entre sí los dichos preceptos, leyes, teorías, siguen siendo para ellos tan ciencia y, malabarismo o engaño a la razón sin par, todos), no existiría simetría temporal y por consiguiente tampoco conservación de energía, ya que el Universo sería de geometría cambiante, hemos dicho que creen en que se expande, aunque a la vez en que se conserva la energía. Da igual, ya que sus juegos malabares con la razón, decíamos, pueden hacer posible la coexistencia (lo mismo que se da la comovilidad entre galaxias debido a la “expansión”, no debido a movimientos propios que puedan existir entre ellas; y según esto último, declarar la inexistencia de movimientos mutuos entre galaxias que no se correspondan con aquello del universo se expande, se da el volatín del “más difícil todavía”, pues estarían hablando, así como el que no quiere la cosa, de un Universo estático, algo que yo sí me atrevo a defender, no únicamente en su día Einstein retractándose con aquello del “mayor error de mi carrera”, y en ellos, físicos, cosmólogos, resulta simplemente deducible de sus muchas ideas sin fundamento sobre el Universo) de la no conservación de la energía con su conservación, puede seguir siendo tan válida la primera ley de la termodinámica como su contrario cuando convenga.

Para mí la conservación de la energía es algo mucho más simple que el teorema de Noether que relaciona los principios de conservación de la física con las simetrías continuas de la Naturaleza, dado que es de lo más difícil adjudicarle a la Naturaleza una simetría continua en lo tocante al tiempo cuando únicamente constatamos a cada momento su marcha hacia delante (Y de hecho, ahí le salió, mediante entropía, la chepa a la divina ley de la energía ni se crea ni se destruye. Ley que pudo haberle jodido el tinglado multinacional y casi atemporal a la Iglesia de haber sabido exponerla adecuadamente y a niveles sociales cualquier humana inteligencia que de sí misma dijese, ella misma diciendo de ella misma ya que los actos del ser que exhibiese esa inteligencia propalarían lo contrario, ocupar posiciones de izquierda). Ni se crea, nadie, por muy desconocido personaje cual Dios tras su nube o la nube nuestra en la inteligencia, nadie, Dios o no, y menos nada, crea de sí, la nada=dios, la energía, o anda destruyéndola de idéntico modo, que a ningún sitio vaya como de ningún sitio venida. Siempre estuvo ahí, aunque para cargarse el complicado infinito que este “siempre estuvo ahí” supondría, llamaron big-bang a este hecho. Siempre estuvo ahí y, por tanto, siempre estará; ni el Universo vino de un Dios exterior a él, y ya que nos vamos a deshacer de ese maligno personaje que es Dios, ¿a qué crear, desde big-bangs originales a otros Universos, o laminillas tridimensionales de los mismos, de los cuales nuestro particular mundo provendría como Universo bebé que de pronto emergiese de ellos cual un grano o un embarazo, o de la hostia que dos de esas laminillas se propinasen entre sí, violento modo de engendrar otros universos el de esas asexuadas láminas que por la Nada fluctúan, o por dónde, por qué otro líquido amniótico extrauniversos? Con lo cual, al carajo esto del tiempo y las simetrías temporales jamás observadas de un tiempo que corra para atrás como para adelante corre y que nos hagan posible esto de la CONSERVACIÓN de la energía. Es algo tan simple como el siempre estuvo ahí y siempre estará… No tiene parte alguna a la que ir ni de la que proviniese. Ahí estáis bidimensionales muertos, bidimensional energía, riéndoos de todos nosotros, los presos más que de la cárcel de la masa, de la prisión de su ignorancia, barrotes que sólo se disuelven en el agujero negro de la muerte, algo tan parecido, por eso llamo así a la muerte, agujero negro, a ese límite de todo conocimiento físico que es esa espeluznante concentración de masa conocida por ese nombre. Ahí estáis y vuestro acceso al infinito os dota de una suerte de mayor dimensionalidad aun cuando lo que hayáis hecho simplemente es deshaceros de la inútil e inexistente tercera, ensueño excavado como disculpa para la generación de esos hornos crematorios llamados soles y los planetas de esa piromanía dependientes. Ahí estáis convertidos en nuestros observadores viscerales y no al contrario; y aquí estamos, presos de la ignorancia que nos sigue haciendo contempladores de milagros cuando observamos más allá de lo que la torpe ciencia exploró hasta nuestros días. Aquí estamos, más que presos de una velocidad insuperable que reclamase Einstein para la de la luz en el vacío, presos de su cuadrado, cuadrilátero mío bidimensional, que es la energía en la que somos incapaces de convertirnos. Aquí estamos, aquí estoy, y te contemplo muerta mía como si fueses mi milagro, mi aparición, cuando bien cierto es que así deberás, tú primero a mí, haberme contemplado. Pero mientras tú estás en posesión de infinito, o sea le diste la hostia definitiva a ese tiempo que de formas tan contradictorias nos venden desde todas las posiciones de la ciencia, yo me debato en la absoluta miseria de ignorar lo imprescindible para poder exclamar con legitimidad: Hemos terminado con el mundo, como reza la http de este diario libro. Para acabar con el mundo, terminar con todo lo y los sobrantes del mismo. No únicamente sobrante una para la maldita indecencia que es la ciencia, la literatura, eso que han dado en llamar la “intelectualidad”, el “arte”, la “cultura”. Bochornosas ciencias que prescindiendo de estupendos cerebros, elevaron, para más bochorno, altares injustificados a otros; literatura bochornosa que ídem de lo mismo; artistismos de la tomadura de pelo de tantos Picasos y Dalís hacia las sociedades que tanto necesitaban de esos estafadores como pudieron prescindir de los Van Gogh en su momento, eso sí empleando con posterioridad sus cadáveres para la ampliación ilimitada de la estafa.

Muerta mía, y no encuentro la sencilla razón que convirtiese mi masa en energía, la imprescindible, la que yo soy sin acopio de más… Sólo esperar a que la muerte me ofrezca esa sencilla razón por la cual ni tú te burles de mí como mi Aparecida menor dimensional aunque mayor parezcas, o yo deje de ocupar como masa este agujero tridimensional que excava en la Planilandia universal la deceleración de la misma, sobre todo cuando mayor motivo de risa es el hecho de que esa deceleración que nos convierte en masa vaya a tales velocidades de vértigo por el Cosmos, la Tierra alrededor del Sol, éste en el seno de su Galaxia; ella en el Cúmulo al que pertenece, el Cúmulo en el Supercúmulo, éstos hacia el Gran Atractor o cualquier otra pared supermasiva que envuelva gigantescas manchas de vacío en el Cosmos, gigantescas manchas de vacío y la pared de cúmulos galácticos que los envuelve que se separan, según dicen, para mí es que exclusivamente SE MUEVEN, que diría Galileo, a mayor velocidad que la de la luz. Abismos de las distancias que la energía que son los muertos liberados por fin de la cárcel de su masa, u otras inteligencias extraterrestres, dominan, y que pueden pretender y pretenden que la velocidad de la luz en el vacío no es esa cosa insuperable sino simplemente la razón –esa que yo busco-- que nos mantiene a todos unidos aquí haciendo de su cuadrado esa moneda de cambio o Pontífice, Puente, entre el mágico mundo taquiónico del que es frontera o pared, y nuestro retardado mundo necesitado de las tres dimensiones que le doten de vísceras, cuevas, escondites en los que hundir el bochorno de su impotencia, ignorancia, degradada a los niveles animales que ya vimos desde antes de los dinosaurios acá. ¡Ah! ¡Y si fuera tan sencillo como yo siempre supuse mirando hacia Maxwell y su encontrar la velocidad de la luz ya medida por otros en la razonable suposición de que electricidad y magnetismo no eran sino el mismo fenómeno; y si fuera tan sencillo saber qué es, cómo actúa c2, en realidad lo que encontrase Maxwell, poner las masas a esa imposible velocidad o decelerarlo igualmente que es lo que hace a cada instante el Universo en sus masas, sus energías, y no hay “Mente” exterior que lo realiza, no es ello, Universo, una “Mente” (¿o sí? tal vez sí)! Quizá ese cuadrado, c2, junto con su inversa nos está diciendo además de ”yo soy la masa que corresponde a cada unidad de energía, y viceversa”, que te des de bruces con tu contrario, antimateria, que fabriques ese “golem”, y desaparezcáis en un abrazo en la energía común y total que sois los dos… Algo que consigue de lo más fácilmente la muerte, esa sombra que te va acercando tu otro-yo tan como tú y tan distinto hasta hacerte desaparecer con su roce.

Desde luego hay mucha más energía aquí de la que alcanzamos a ver, la llamemos vacío pues somos incapaces de deducir su contorno. Tanta, tanta energía, que cualquier cuántica parte de lo que tú eres ahora, sois tú y tu doble, golem, antimateria, ángel o demonio; y de ese tamaño, cuántico, es el pasadizo de la muerte por el cual accedes a tu pura energía --no necesitas más-- que ni se crea ni se destruye y es ella como sí misma, en sí misma y para siempre. Que se dice de Dios; que con más propiedad llámese Universo que juega a aparecer y desaparecer por sus agujeros blancos-negros. Y sentiremos algo como que nos habla, algo como que lo vemos, aunque ya hayan desaparecido los sentidos y las vísceras propias de la prisión tridimensional a la que fuimos condenados hasta ser lo suficientemente inteligentes como para escapar de ella. Cerebro mío que necesitaste de ojos, manos, orejas, cuando tú bien sabías que lo eras todo, que algún día ese Todo lo podrías abarcar y apresar en tus propias redes neuronales y de un modo tan absolutamente inflexible como ahora ese Todo te aplasta, más que abarca, a ti. Todo del que desecharás cuanto consideres con toda justicia sobrante, como ahora tú eres desechado por la impropiedad de la injusticia que es ignorancia inconsciencia, mundo necesitado de las vísceras y sentidos de la tercera dimensión para no llegar a nada con ellos.

¡Ay de ti víscera, órgano, llamado a desaparecer! Habría que condolerse, más que maldecir, de la mayor parte de los llamados humanos.

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