Un ser bidimensional, cuando atisbáramos algo de él, sería para nosotros, tres dimensiones, lo que para Abbott en su relato es un ser tridimensional visto por los ojos de un planilandés: Un brillo. De un deslumbramiento debe tratarse, y de hecho se trata, no el que ellos nos vean a nosotros sino el que nosotros les captemos a ellos; el deslumbramiento de los infinitos, o infinita energía, que es lo que separa o une, según se mire, cada plano de la realidad con otro. Un plano que, cortado verticalmente, sería ese perfil de tan afilada hoja deslumbrante que nuestra visión tres D acaba por perder en la nada que significa para nosotros un infinito que somos incapaces de tratar hasta con nuestras matemáticas, a pesar de los muchos esfuerzos, llegando incluso a perder la razón en su aventura, que para ello hiciese Cantor.
Y aquí está que nosotros seríamos para ellos… UNA SOMBRA. Esto es lo que parece decir la física y las matemáticas: Lo único que podría captar de nosotros un planilandés sería la sombra de nuestro cuerpo, sombra cayendo sobre el plano, de una luz iluminándonos por detrás. Una sombra es ese 1% de materia ordinaria que somos dentro del 99% restante que es la energía del resto del Universo… Una sombra patética que cruza los planos de infinito, o EL PLANO INFINITO. Una sombra que esa Planilandia sí puede analizar y deducir de la misma, aunque la geometría diga que no, todas nuestras propiedades, pues sombras igualmente fueron antes ellos, ELLA, LA ENERGÍA DEL COSMOS; mientras nosotros nada podemos decir de los planos infinitos que continuamente nos cruzan sin que podamos llegar a verlos, de momento ni siquiera con nuestras máquinas, aceleradores de masa apuntando a las más altas energías, como no sea mediante esos estados exaltados de conciencia, más bien excitaciones de la propia Planilandia que así quiere dejarnos que la vislumbremos, por los cuales el perfil afilado del deslumbramiento más absoluto quiere interrumpir en este apagado mundo.
Como bien sabe la física cuántica, aunque los físicos hayan extraído deducciones erróneas de lo mismo, lo más importante de este mundo, la verdad última del mismo, trascurre a niveles atómicos y subatómicos, meras láminas de grandes energías, las que necesitamos para observarlas, y tamaños tan diminutos que únicamente podemos acercarlos al nivel de nuestra conciencia sentidos con microscopios atómicos y aceleradores y ni aun así.
Y nuestros amigos los físicos, en el CERN, Fermilab y otras capillas Sixtinas para el acoso y derribo de la verdad con nuestra razón y las herramientas de que puede dotarse para lograrlo, creyendo que llegarán a saber de la existencia de otras dimensiones si observan en sus experimentos de grandísimas energías, que ella, la energía desprendida en sus choques de partículas, se escapa por una dirección de la cual no podrán decir qué es ni dónde está, ya que se trataría de una dimensión, o varias, desconocida, que se sumaría a las tres que suponemos conocer… cuando quizá lo desconozcamos todo incluso de ellas, si ignoramos algo tan primordial como el cómo llegaron a ser. Si el mundo es de cuatro dimensiones o más (Lo cual estaría en total contradicción con los modelos gravitacionales observados, la segunda ley de Newton falla a grandes distancias y con ella la ley de la gravedad, no parece que sea universal ese modelo de atracción para un mundo tridimensional: fuerza gravitatoria decrece o aumenta con el cuadrado de las distancias, y sí parece que la fuerza gravitatoria en el mismo decrece o aumenta según la simple distancia; si estuviésemos en un mundo mayor dimensional, algo en la gravedad, ya que no en lo electromagnético y sus canceladas fuerzas a niveles macroscópicos --sobre este asunto de la cancelación universal de las fuerzas electromagnéticas hay también algo más que decir--, nos lo diría: Se habría hecho alguna observación como la realizada por Milgrom y de la que se deduce un Universo bidimensional, al respecto de que las fuerzas gravitatorias parecieran decrecer o aumentar con el cubo de las distancias) la energía se escaparía según los físicos por ese desagüe de la cuarta dimensión que desconocemos qué dirección atribuirle, sólo que discurriría en ángulo recto a todas las demás. ¿Y si el Universo en su totalidad fuese una inabarcable planicie inaccesible a cualquier delimitación? ¡¿Veríamos aparecer, como prueba de lo mismo, la inversa que esgrimen ahora los físicos para argumentar una mayor dimensionalidad, que la Energía aparece y sin que sepamos por dónde o de dónde!?
Tanto si es mayor como si menor dimensional, observaríamos a la energía haciendo algo que le está prohibido, no ya según las leyes de la física, sino según la lógica más de parvulario: Ni a la nada va, ni de la nada viene, lo que es algo. Se transforma, sólo se transforma, aunque no quiera ello decir que exista una “evolución” hasta en las escalas cósmicas altares que quieren también consagrarle a Darwin, ese afortunado plagiario de las ideas que un desgraciado otro, que tuvo la desgracia de nacer en Australia, le confiase. Se transforma en un agujero negro que alguna vez es blanco devolviendo al Universo en forma de electrones y protones los más que compactados neutrones que una vez se tragase, creándose así átomos del ligero hidrógeno que las supernovas convierten en pesados, que eso es la “evolución” del Universo según los físicos: la creación continua de átomos pesados y la desaparición progresiva del inapreciable hidrógeno hasta la ineficacia, por lo escaso, para generar nuevas estrellas.
Energía de la nada venida, al parecer, que hablaría de un Universo de dos dimensiones. Con eso es con lo que se van a encontrar los físicos cuando alcancen y sobrepasen el billón de electronvoltios, 7,738485031x1012 eV. para ser exactos, ó 1/2εoα . Ahí obtendrán, sin necesidad de construir aceleradores del tamaño de la galaxia, hasta la mismísima energía de Planck, aproximadamente el cuadrado de la anterior, que haría posible elevar al rango del ojo humano o de los simples microscopios ópticos, partículas, o su génesis, que se pierden en la invisible Planilandia o cuerdística Linelandia del espacio cuántico o planckiano de los 10-35 metros.